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_Brasil: donde el arte respira

Crónica de un viaje entre la selva, la arquitectura y el alma de los artistas brasileños
Ana WHITE noviembre 27, 2025

Por Ana White


Entre museos suspendidos, jardines tropicales y estudios bañados por la luz del Atlántico, un recorrido por São Paulo, Inhotim y Río de Janeiro revela la esencia de un país donde el arte no solo se contempla: se vive.

"Hay viajes que se planean y otros que simplemente suceden, como si el destino se abriera paso entre los mapas. Brasil fue eso: una revelación."

Durante nueve días, entre São Paulo, Inhotim y Río de Janeiro, el arte se volvió una forma de mirar, de caminar y hasta de respirar, sublimado por el equipo de artMunity que lidera mi gran amiga y referente en la gestión cultural Icíar Mangas. Iniciativas como esta demuestran que artMunity es, más que un club de arte, una comunidad de entusiastas de la creación contemporánea.

São Paulo nos recibió con la energía eléctrica de una metrópoli que nunca duerme. Entre avenidas infinitas y fachadas cubiertas de grafitis, descubrimos una escena artística vibrante, casi inabarcable. En el MASP, las obras flotaban suspendidas en el aire, libres de muros y jerarquías; mientras que el SESC Pompeia —la utopía social de Lina Bo Bardi— nos recordaba que el arte también puede ser un acto de convivencia, lo cual apreciamos de primera mano en la casa de la artista, Casa de Vidro.

"Inhotim no se visita: se habita."


Las galerías, las colecciones privadas y los encuentros con artistas locales fueron desgranando la textura humana de una ciudad que se piensa a sí misma a través del arte.

Pero fue en Inhotim, en el corazón verde de Minas Gerais, donde el viaje alcanzó su punto más alto.

Nada prepara para esa experiencia. A dos horas de Belo Horizonte, el Instituto Inhotim se abre como un sueño húmedo de selva y modernidad: 140 hectáreas de jardines botánicos, lagos, esculturas monumentales y pabellones escondidos entre la vegetación. Allí, el arte no se contempla: se habita.

El sonido hipnótico del Sonic Pavilion de Doug Aitken se mezcla con el canto de los pájaros; la luz atraviesa los mosaicos de Adriana Varejão; el agua y el verde lo envuelven todo.

Dormir en Clara Arte Inhotim, la primera residencia artística del país prolongó la sensación de estar dentro de una obra viva. Amanecer entre árboles y esculturas de Cildo Meireles o Yayoi Kusama es algo que difícilmente se olvida.

Inhotim, en Belo Horizonte, es el mayor museo de arte contemporáneo al aire libre de América Latina, donde naturaleza y arquitectura se funden.

"El arte es un lugar para respirar juntos."

_Ernesto Neto

Desde esa calma vegetal, el viaje continuó hacia Río de Janeiro, una ciudad que parece bailar incluso cuando duerme.

Entre el rumor del Atlántico y las colinas que se deshacen en favelas, llegaron los momentos más íntimos de la travesía: la visita a los estudios de Ernesto Neto y apreciar de primera mano las piezas del increíble Lucas Arruda.

Neto nos recibió entre tejidos suspendidos, aromas de hierbas y una calidez casi espiritual. Hablaba del arte como experiencia compartida: “El arte es un lugar para respirar juntos”, dijo mientras recorríamos sus instalaciones orgánicas.

El artista brasileño Ernesto Neto con algunas de sus obras en São Paulo

Horas más tarde, Lucas Arruda fue otro tipo de misticismo a través del silencio. Frente a sus paisajes vaporosos —horizontes que no pertenecen a ningún lugar— comprendimos que también hay viajes que se hacen sin moverse, hacia adentro, hacia lo inefable.

"Entre el verde y el hormigón, Brasil enseña que la belleza también puede ser un gesto colectivo."

La última parada fue Río de Janeiro, donde el Cristo Redentor parecía bendecir no solo la ciudad, sino todo lo vivido. El Pan de Azúcar, las playas, la luz dorada del Atlántico al caer la tarde… todo se convirtió en una pintura en movimiento, como si el viaje mismo se cerrara con un último trazo de color.

Brasil nos mostró que el arte puede ser paisaje, conversación o ritual; que puede estar en un museo, en una favela o en el aire.

Y que, a veces, viajar es simplemente dejar que todo eso nos atraviese.

Vista aérea de Río de Janeiro. El Cristo Redentor y el Pan de Azúcar, un lienzo natural al atardecer.