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_Cena bajo la luna: Ynés Suelves convierte una velada en la metáfora de los sueños

La cita contó con el paisajismo de Victoria Montes Suelves, las esculturas de María Osorio y los fogones de Gabriela Hinojosa
Ana WHITE diciembre 11, 2025

La luna, siempre misteriosa y enigmática, desvela sus secretos a quienes se dejan abrazar por la ilusión de lo imposible. A quienes despiertan para hacer de día los sueños.

Por eso es posible cenar en la luna sin salir del corazón de Madrid. Y no. No bajo la luz de la luna. En la propia luna.

En una luna rosa. Donde no existen los cráteres, porque cada posible puerta al abismo se llena con la savia viva de la vegetación olorosa, reconfortante, fresca y serena.

Como si de una representación corpórea de El Principito se tratase, Ynésuelves hizo realidad el sueño de cenar en la luna. Y convirtió su boutique en un espacio mágico, un refugio de belleza como guía hacia lo esencial. Una pura metáfora palpable de la propia vida y la entrega absoluta al amor.

La naturaleza, la magia de un bosque iluminado sólo por el reflejo de la luna, inspiró el paisajismo de Victoria Montes Suelves, que trocó la mesa en un cuento cuajado de belleza:

"La cena bajo la luna fue imaginar un pequeño bosque encantado en un espacio íntimo. Aunque no trabajo en montajes, nunca diría que no a Ynés, ni a la oportunidad de diseñar un sotobosque para la mesa donde sentarnos a comer alrededor de naturaleza, luz, artesanía y moda. Con la luna llena proyectada las plantas susurraban y la mesa era un paisaje vivo que nos invitaba a la magia."

Victoria E. Montes Suelves, paisajista

Magia con los cinco sentidos.

Con la vista, que se perdía para encontrar belleza en cada rincón de esa luna madrileña donde cualquier posible cara oculta era una excusa para dejarse abrazar por la plenitud.

Con el olfato, extasiado ante la frescura de ese sotobosque que puede crecer mucho más allá del sol para abrigar los sueños que inspira la luna.

Con el tacto, suave, delicado, potente también, de cada creación de Ynés Suelves y de las esculturas luneras con las que María Osorio La Beltraneja habitó cada lugar de la mesa.

Con el oído, sensible ante las velas crepitando, las copas encontrándose para brindar por un mundo donde habite la ternura.

Y, por supuesto, con el gusto. No sólo el que se respiraba en la velada, sino el que Gabriela Hinojosa, ganadora de MasterChef 13, regaló en un menú idílico que fusionaba texturas, que creaba lienzos con sabores, que se despojaba de lo real y al mismo tiempo era más real de lo posible en cada explosión de aromas llenando de fantasía infinita el paladar.

Sí, claro que se puede bajar la luna.

Y tocarla.

Y abrazarla.

Y la luna puede ser rosa.

Sólo se trata de «ser plenamente uno mismo».

Ynés dixit.