_«Madrid se ha consolidado como uno de los ecosistemas artísticos más dinámicos de Europa»
Por NOELIA JIMÉNEZ
Cambio. Todo huele a cambio. También en el arte. Y este cambio es, cada vez, más profundamente humano. En medio de una revolución tecnológica sin precedentes, en un escenario global disruptivo como nunca —casi, a veces, distópico—, el arte contemporáneo funde conceptos y disciplinas para volver a la raíz: dónde está el ser humano en medio de un mundo caprichosamente abocado a la vorágine.
Acaba de cerrar sus puertas ARCOmadrid, la feria por excelencia del arte contemporáneo en España y uno de los referentes no ya europeos, sino globales. Y ahora es el momento de abrir el pensamiento: ¿qué reflexiones han traído los artistas con su obra? ¿Hacia dónde se mueve el arte contemporáneo? ¿Por qué Madrid es cada vez más el "hada madrina" de la cultura?
Sobre todo ello hablamos con Icíar Mangas, historiadora del arte, con más de 25 años de experiencia en el mundo del arte contemporáneo; gestora cultural, directora-fundadora de Mapping Culture –agencia cultural dedicada a la creación de la estrategia cultural y creativa de marcas e instituciones y al desarrollo de sus proyectos en este ámbito–; creadora de artMunity –una comunidad para entusiastas del arte–; Head of VIP Development & Cultivation en Art Basel y colaboradora destacada de Knight Frank.
—ARCOmadrid finaliza su 45ª edición con una visión del presente y del mercado del arte actual. ¿A tu parecer, qué podemos esperar del arte contemporáneo dentro de 20 años?
—Efectivamente hemos podido disfrutar en esta edición de ARCO del panorama actual en cuanto a tendencias y mercado del arte. Si hablamos del futuro, nada es certero: vivimos momentos políticos y economías muy permeables donde en poco tiempo cambiamos de ambiente y parecer. Todo se va moldeando y el hombre se va adaptando.
Creo que veremos un arte aún más híbrido y expandido, donde las fronteras entre disciplinas seguirán diluyéndose. La tecnología —desde la inteligencia artificial hasta nuevas formas de realidad inmersiva— será una herramienta más dentro del lenguaje artístico, pero no necesariamente el centro del discurso.
Al mismo tiempo, veremos un retorno fuerte a lo humano: narrativas vinculadas a identidad, memoria, sostenibilidad y geopolítica. El arte contemporáneo seguirá funcionando como un laboratorio de pensamiento crítico, anticipando preguntas que la sociedad aún no sabe formular.
—Con 211 galerías y 30 países representados, destaca la presencia del arte latinoamericano: más del 31% de las galerías internacionales proceden de América Latina, con gran protagonismo de Brasil y Argentina. ¿Qué nos dicen estos datos?
—Estos datos confirman algo que ARCO lleva años consolidándose: Madrid es uno de los principales puentes entre Europa y América Latina en el ecosistema del arte contemporáneo.
No se trata únicamente de una afinidad cultural o lingüística, sino de una red de galerías, coleccionistas, instituciones y profesionales que han construido una relación sostenida en el tiempo. América Latina aporta hoy algunas de las propuestas conceptuales más potentes del panorama internacional, con discursos muy conectados con nuestra historia compartida y con cuestiones sociales, ecológicas y políticas.
Exposición No te engañes corazón del artista mexicano Mario García Torres.
"En ARCO seguimos viendo que el motor principal es el coleccionismo. Es una feria donde las decisiones de compra están muy vinculadas al descubrimiento, a la conversación con las galerías y a la confianza en el criterio curatorial. "
—¿Este cambio de eje hacia Latinoamérica también se está trasladando al perfil del coleccionista?
—Estamos viendo una mayor internacionalización del coleccionismo. El interés ya no se limita a escenas locales o europeas.
Muchos coleccionistas —especialmente los más jóvenes o los más activos en el circuito global— buscan narrativas más diversas y contextos artísticos menos tradicionales. En ese sentido, el arte latinoamericano ofrece una riqueza conceptual y una historia crítica muy atractiva para quienes construyen colecciones con una mirada más global. Latinoamérica es un foco muy conectado a Madrid pero yo no lo limitaría a un continente, podríamos ampliar al concepto de Sur Global (Asia, India, África, Oriente Medio)
—Cuando repasábamos la edición anterior abrías un debate sobre la diferencia entre coleccionista e inversor. ¿Cómo se han comportado ambos en esta 45ª edición?
—La diferencia sigue siendo muy clara. El coleccionista suele comprar desde una relación más profunda con la obra y con el artista, con una lógica de construcción cultural y personal de la colección. El inversor, en cambio, se acerca al mercado con una lógica más financiera.
En ARCO seguimos viendo que el motor principal es el coleccionismo. Es una feria donde las decisiones de compra están muy vinculadas al descubrimiento, a la conversación con las galerías y a la confianza en el criterio curatorial. Eso genera un ecosistema más saludable y sostenible para los artistas.
Las transacciones se concentraron en el rango de 10.000 a 150.000 euros, con la mayor actividad procedente de:
- Coleccionistas privados españoles
- Compradores institucionales europeos
- Coleccionistas latinoamericanos (históricamente muy presentes en ARCO)
Los primeros días VIP mostraron sólidas adquisiciones institucionales, que a menudo sirven para impulsar y consolidar el dinamismo comercial de la feria.
Como contrapunto, el sector continúa reclamando una reducción del IVA en las transacciones de arte, con el objetivo de mejorar la competitividad frente a otros mercados europeos. Resulta difícil competir cuando el IVA cultural en España sigue siendo más elevado que en otros países del entorno.
—La inestabilidad geopolítica y la era de la IA marcan el paso del discurso social. ¿Cómo se ha reflejado en las propuestas artísticas de ARCOmadrid?
—Aunque no ha sido una edición marcada por esos puntos, muchos artistas están abordando estos temas desde perspectivas muy críticas y complejas.
Por un lado, encontramos obras que reflexionan sobre vigilancia, datos o algoritmos, cuestionando el impacto de la tecnología en nuestras vidas. Por otro, la geopolítica aparece en trabajos que hablan de migraciones, territorios, memoria histórica o activismo.
Lo interesante es que no se trata solo de una postura de denuncia. Muchos artistas están proponiendo nuevas formas de imaginar futuros posibles.
Al mismo tiempo, como contraposición, otros creadores están regresando a lo artesanal, recuperando técnicas ancestrales o conectando con tradiciones culturales y saberes locales. Prácticas como la cerámica, el textil o la orfebrería vuelven a poner sobre la mesa el eterno debate sobre los límites entre arte y artesanía.
"Madrid se ha consolidado como uno de los ecosistemas artísticos más dinámicos de Europa. Combina una red institucional muy sólida —museos, fundaciones y centros de arte— con una escena de galerías cada vez más internacional y una comunidad de coleccionistas y amantes del arte cada vez más activa y con ganas de nuevas experiencias culturales."
—¿Qué nuevas miradas te han sorprendido como artistas emergentes?
—Me interesa especialmente una generación de artistas que trabaja desde enfoques muy transversales: combinan investigación, archivo, tecnología o prácticas comunitarias.
Muchos de ellos abordan conflictos políticos, cuestiones de memoria territorial o revisiones del pasado. El género, las identidades culturales o las etnicidades también aparecen como temas muy presentes dentro del arte emergente.
Existe además una sensibilidad creciente hacia cuestiones ecológicas y hacia la relación entre naturaleza, territorio y cultura. Más que estilos homogéneos, lo que vemos es una diversidad de metodologías y narrativas que amplían el alcance del arte contemporáneo.
—Mirando hacia el corto y medio plazo, ¿qué tendencias —estéticas, conceptuales o de mercado— crees que se consolidarán?
—Creo que podemos identificar varias líneas claras.
En primer lugar, una mayor hibridación entre arte, tecnología y ciencia, no necesariamente desde lo espectacular sino desde la investigación. Muchos artistas utilizan la inteligencia artificial y otras herramientas tecnológicas como soporte para cuestionar precisamente los riesgos y las implicaciones de esos avances.
En segundo lugar, un creciente interés por prácticas artísticas vinculadas al territorio, la ecología y la sostenibilidad.
Y, en el ámbito del mercado, una mayor atención hacia escenas artísticas fuera de los centros tradicionales. Regiones como América Latina, África o el sudeste asiático están ganando cada vez más visibilidad y relevancia.
—ARCO es indisociable de Madrid. Más allá de la feria, ¿qué papel está jugando la ciudad como polo artístico en el contexto europeo actual?
—Madrid se ha consolidado como uno de los ecosistemas artísticos más dinámicos de Europa. Combina una red institucional muy sólida —museos, fundaciones y centros de arte— con una escena de galerías cada vez más internacional y una comunidad de coleccionistas y amantes del arte cada vez más activa y con ganas de nuevas experiencias culturales.
Aunque el mercado siga estando en Londres y París, y el alto IVA cultural no favorezca las ventas en las galerías, esta ciudad tiene algo muy valioso: una escala humana que facilita el encuentro, la conversación y la creación de redes entre profesionales del arte.
Podríamos decir que la ya llamada Semana del Arte es el momento en el que las galerías e instituciones se engalanan con las mejores exposiciones. Pero Madrid mantiene durante todo el año una programación cultural muy intensa: fundaciones, espacios independientes y proyectos curatoriales, nutren y enriquecen el tejido cultural de la ciudad.
—Desde tu agencia Mapping Culture, ¿cómo habéis vivido la Semana del Arte en Madrid? ¿Qué proyectos habéis promovido y apoyado?
—La Semana del Arte en Madrid es uno de los momentos más intensos para nuestra agencia. Hemos participado junto a nuestra comunidad de amantes del arte, @artmunity___, en una serie de recorridos por distintas ferias, como ARCO, JustMAD y CAN Art.
Además, desde Mapping Culture hemos apoyado el proyecto de la Fundación Sandretto Re Rebaudengo Madrid, que inauguró Zodiac Machine, la primera exposición en España del artista interdisciplinar Justin Caguiat (Tokio, 1989). La muestra nos permite redescubrir la Parroquia de Santa Ana y la Esperanza de Madrid, obra del arquitecto Miguel Fisac, y también incluye una intervención en el mercado del barrio de Moratalaz.
Retomando el hilo de la importante conexión de Madrid con Latinoamérica, me gustaría destacar también un interesante proyecto Off ARCO en el que Mapping Culture ha tenido el honor de colaborar en su producción y difusión: «No te engañes, corazón», un proyecto secreto del artista mexicano Mario García Torres. La iniciativa se relaciona con la salida de México de la Colección Gelman, y la belleza de la narrativa de sus pinturas catalizó numerosas conversaciones en torno a esa despedida. Próximamente podrá verse en la sede Faro Santander de la Fundación Santander.
Por último, pero quizás lo más importante, pudimos presentar en el Foro de Coleccionismo de ARCO el lanzamiento de ALKAR CONTEMPORARY, una colección corporativa privada que abre sus puertas en Bilbao el próximo junio. Se trata de un proyecto que desde Mapping Culture y junto a sus fundadores, Fernando Arriola y Yolanza Zugaza, lideramos con mucha ilusión.
Presentación Alkar Contemporary con Fernando Arriola y Yolanda Zugaza y moderada por Icíar Sánchez-Mangas