_Uribe y Chacón: «Nuestra misión es impactar en la comunidad a través del arte»
Por NOELIA JIMÉNEZ
Coleccionar es más que recopilar. Más que atesorar con capricho. Un coleccionista se convierte en un verdadero mecenas cuando apuesta por la creación, cuando fomenta un entorno donde la creatividad se dinamiza y los artistas emergentes encuentran abono para hacer florecer su obra.
Esa es la principal misión de Diego Uribe y Cristina Chacón, un matrimonio que ha forjado toda una historia vital compartida con la pasión por el arte, convirtiéndose así en auténticos referentes en el panorama del coleccionismo de arte internacional.
—El comienzo. Toda colección tiene un origen. ¿Cuál fue la primera obra que comprasteis juntos?
—Empezamos muy jóvenes recién casados, ha sido un proceso de vida. Ahorrábamos para comprar arte, que en ese momento no era en realidad importante, pero que sí nos permitía desarrollar la pasión que compartíamos. Tenemos como primera obra de cierta importancia una naturaleza muerta de un artista colombiano: Nuño.
—La emoción. ¿Qué tiene que provocar una obra para que sintáis que debe formar parte de vuestra vida?
—Al principio tenía que estar en línea con lo que nos gustaba e íbamos aprendiendo de nuestras visitas a ferias y galerías; ya en estos tiempos debe ser coherente con la colección y con la misión que nos hemos propuesto.
"Empezamos muy jóvenes recién casados, ha sido un proceso de vida. Ahorrábamos para comprar arte, que en ese momento no era en realidad importante, pero que sí nos permitía desarrollar la pasión que compartíamos."
—Vivir con arte. ¿Cómo cambia una casa cuando el arte pasa a formar parte de la vida cotidiana?
—Lo es todo, desde el punto de vista simplemente estético, por ejemplo, en nuestras casas no hay decoración, todo es arte y obviamente los muebles utilitarios, pero al convivir literalmente se disfruta cada momento cotidiano, un café, una copa con visitas o familia, etc. Definitivamente la colección de arte no se gasta, no se termina y cada día entrega satisfacciones.
—El descubrimiento. ¿Dónde encuentran hoy las mayores sorpresas: en galerías, ferias, estudios de artistas o conversaciones inesperadas?
—En realidad, en cada una, pues la dinámica en todas ellas es distinta. Las visitas a estudios es verdad que se ha convertido en una práctica muy excitante en la medida de que conocer el espacio de creación y trabajo es vivencial y aumenta la experiencia de las obras mismas.
Hay un detalle en ferias pequeñas y casi locales, donde se descubren cosas muy interesantes quizás porque no son abrumadoras ni en oferta ni en volumen de personas, con lo que se permite ver las cosas de otra manera.
—Arte y memoria. ¿Hay alguna obra de su colección que esté especialmente ligada a un momento vital?
—Ninguna en particular, por supuesto hay obras que tienen recuerdos especiales, pero momento vital hasta ahora ninguna.
—Misión. ¿Qué responsabilidad sienten los coleccionistas hoy dentro del ecosistema del arte?
—Nosotros hemos definido la misión de lo que hacemos como coleccionistas en «impactar a la comunidad donde vivimos a través del arte». Esto hasta ahora es en Miami, sin embargo, ahora que estamos también en Madrid de alguna manera divididos, tenemos el mismo sentido de responsabilidad en esta ciudad.